De tal padre, tal hijo: Infancia imborrable

El talento de Koreeda nos vuelve a deslumbrar en un retrato conmovedor y reflexivo de un conflicto familiar

Ryoata es un arquitecto de éxito reconocido. Tiene de todo: dinero, trabajo, familia… Pero su mundo se viene abajo cuando los responsables del hospital donde nació su hijo le comunican que, debido a una confusión, el niño fue cambiado por otro.

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El director japonés Hirokazu Koreeda sigue plenamente convencido de que el mayor espectáculo del mundo es la vida. Sus películas muestran esa sencilla humanidad que hace que la pantalla no sea un muro sino una ventana que permite ver con más claridad.

En los últimos años ha procurado iluminar aspectos esenciales del mundo actual como el cuidado y admiración que merece la ancianidad (Still Walking, 2008) o la banalización del sexo que empobrece al ser humano y le impide descubrir al otro; amar en definitiva (Air Doll, 2009). En esta aproximación detallada y minimalista del ser humano, el director japonés muestra un especial interés en el retrato de la infancia y la adolescencia. Tanto en la miniserie de televisión Going my home (aún no emitida en Europa), como en las películas Nadie sabe (2004), Kiseki (2010) y Like father, like son (titulada en España De tal padre, tal hijo), Koreeda pone el objetivo en la filiación como motor emocional de la historia.

Siguiendo el ejemplo de maestros japoneses como Yasujirô Ozu o Hayao Miyazaki, la película intenta que el espectador reflexione y se conmueva con libertad, dán­dole indicaciones sutiles que le abran un panorama am­plio. En esa línea, el director pone a un padre como protagonista y no a una madre, evita las lágrimas, los pri­meros planos y limita los contrapuntos musicales (que resultan excelentes con un uso medido de las Varia­cio­nes Goldberg de Bach).

De todas las películas de Koreeda, De tal padre, tal hijo destaca por su ritmo ágil, por un tratamiento de la imagen y el sonido que la hace palpitante desde el primer minuto. Las interpretaciones de niños y adultos tienen esa espontaneidad, esa confianza en el gesto y la mirada milimétrica que hace que sea muy fácil interesarse por sus personajes.

El conflicto planteado no es sencillo, pero resulta muy ac­tual y necesario retratar el intercambio mercantil y el jue­go caprichoso al que son sometidos tantos niños por adul­tos que aspiran a ser como dioses. El director japonés afirma que le interesa hablar del momento en el que un hombre se convierte en padre y en cómo influyen la ge­nética y la educación en un niño de apenas 6 años. Pa­ra ello construye dos personajes muy matizados: el pa­dre responsable, brillante en su profesión, al que le cuesta sonreír y dedicar tiempo a la familia, y el padre cer­cano y divertido, que disfruta jugando con sus hijos. Los dos son padres que aman a su manera y que tienen sus limitaciones, sus dudas lógicas ante un caso tan complicado.

Si el guión es preciso, la planificación de Koreeda es un cúmulo de aciertos, con escenas muy brillantes como la fotografía que se hacen las dos familias (todo una lección de lenguaje corporal), el diálogo padre e hijo a la ri­be­ra del río (en un plano muy fordiano) o la primera visita al médico familar que termina con el padre en me­dio de un atasco con un tren que pasa a toda velocidad (un recurso que recuerda al brillante final de la película Ki­seki).

De tal padre, tal hijo logró el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. Una vez más se ha perdido la oportunidad de poner en primerísimo plano a es­te director que puede presumir de haber rodado cuatro pe­lículas sobresalientes de manera consecutiva.

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Ficha Técnica

  • Fotografía: Mikiya Takimoto
  • Montaje: Hirokazu Koreeda 
  • Duración: 120 minutos 
  • Distribuidora: Golem 
  • Público adecuado: +16 años
  • Estreno en España: 29.11.2013

Soshite chichi ni naru. Japón, 2013