En el nombre del padre: Giuseppe

Dudo mucho que sea cierto el dicho irlandés de que Dios inventó el alcohol para que los irlandeses no dominaran el mundo, pero lo que sí es indiscutible es la capacidad de estos para la narrativa. En el año 1993 el director Jim Sheridan (Dublín, 1949) se acercó al conflicto irlandés y lo hizo con una película dura y emotiva al mismo tiempo que traspasaba los límites de lo que es el cine de denuncia.

Basada en la autobiografía de Gerry Conlon, Proved Innocent, Sheridan escogió a Daniel Day-Lewis para el papel protagonista, un actor con el que ya había trabajado en Mi pie izquierdo (1989), en el que interpretaba al escritor Christy Brown aquejado de parálisis cerebral, y con el que volvería a coincidir en The Boxer (1997), en una película más madura en la que trataría de nuevo el tema de Irlanda del Norte y la disputa entre católicos y protestantes.

Belfast. Años 70. Gerry Conlon no es más que un ladrón de poca monta que se gana la vida trapicheando, y que tras un pequeño robo se las tiene que ver con el IRA. La película comienza en alto, con una escena podríamos decir que bélica, con persecuciones, tanquetas con soldados británicos, lanzamientos de ladrillos y la guitarra de Jimi Hendrix sonando a todo volumen. Sheridan sabe cómo atrapar al espectador desde el primer momento. Su guion, escrito junto con Terry George (La guerra de Hart (2002), Hotel Rwanda (2004)), es milagroso, se aleja de cualquier maniqueísmo. Y si bien hace una enérgica crítica al sistema judicial británico, también huye de glorificar al IRA, mezclando en su justa medida la trama carcelaria, la judicial y la familiar, siendo esta última en realidad el meollo de la historia.

El progresivo conocimiento que el protagonista hace de su propio padre engrandece la cinta, llevando a En el nombre del padre más allá de las coordenadas del cine político para convertirse en una película de descubrimiento, transformación personal y maduración, que encaja en el molde de forja de héroe, pero donde palpita sobre todo la crónica de un amor paternofilial entre Gerry y su padre Giuseppe que la convierta en una historia universal e inolvidable.

Sheridan narra con detalle cada una de las tribulaciones de su protagonista, desde las escenas de interrogatorio a las del juicio final, desde las violentas escenas iníciales en un Belfast deprimido y gris a las bucólicas y luminosas de Gerry y su amigo Paul viviendo como hippies en las calles de Londres. Sus mejores bazas están en la entrega de sus actores, un Daniel Day-Lewis rebelde, inmaduro y violento, una Emma Thompson que no se arruga ante las inclemencias de la justicia, pero sobre todo en un Pete Postlethwaite, por entonces un veterano semidesconocido para las grandes audiencias y que fue el gran descubrimiento de la cinta, encarnando a un padre honrado, paciente y comprensivo que juega en la misma liga que Aticcus Finch o, en otro tono, el Guido de La vida es bella (1997) -¡Qué pocas veces retrata el cine a los padres de forma positiva!-. Giuseppe es un hombre religioso, cuya fe rocosa es la que le hace mantener la esperanza, aquello que en Cadena perpetua (1994) Morgan Freeman decía que en prisión era algo muy peligroso porque puede volver loco a un hombre.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Peter Biziou
  • Montaje: Gerry Hambling
  • Música: Trevor Jones
  • Diseño de producción: Caroline Amies
  • Vestuario: Joan Bergin
  • País: Irlanda (In the Name of the Father), 1993
  • Duración: 135 min.
  • Distribuidora en España: Universal
  • Público adecuado: +12 años
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Reseña
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Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden